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domingo, 31 de mayo de 2020

“Ya no estoy aquí”: De la periferia abandonada a la resistencia identitaria



Nací y crecí en la periferia del norte de la Ciudad de México. Viví el abandono del Estado y sus repercusiones. En la periferia las calles están llenas de violencia y desesperanza. Ahí se engendra la delincuencia desde pequeños, se consumen conductas ilícitas y se repiten a lo largo de todo lo que el vacío de autoridad abarca. Pero también ahí, en medio de la desolación están las historias de una resistencia cultural que se niega a homogenizarse con lo que el gusto de la masa le exige. Existen los rockeros urbanos, los cholos, las drags, los rastafari y hasta los reggaetoneros. Todos esos movimientos culturales han resistido los cambios homogeneizadores de la violencia y el mercado como lo son una nueva narcocultura llena de expresiones como narcocorridos y música de banda. No han perdido su identidad a pesar de estar con el agua al cuello de los problemas diarios. Esos que no tienen cabida en los centros de las ciudades por “las afean”. No son humanos  bellos para pasearse en la Roma-Condesa, ni tienen el mismo estilo aceptado. Sus principales problemas no son de que sabor escogen su bebida o si la comida tiene gluten. Son los feos que siempre van a estar en la periferia, donde no queda otra más que resistir.

La recién estrenada en Netflix, “Ya no estoy aquí”, es una impecable historia de la resistencia humana y cultural (no de contracultura ni de subcultura, esos términos en realidad no existen, los inventaron sociólogos para expresar un fenómenos que no entienden y no debe ser utilizado más. Es cultura y ya) ante la espiral de violencia sin fin en la que se encuentra en caída libre México y que retrata con exactitud lo que ocurre en las periferias de las grandes ciudades del país.  La película está dirigida por Fernando Frías de la Parra, un cineasta mexicano de una nueva generación de buenos directores  y cuyo trabajo suma los filmes ‘Rezeta’ y ‘Los Spookys’, también de gran calidad. Uno de los factores a destacar en el filme es la arriesgada y cada vez más común apuesta del cine Mexicano de contratar actores no profesionales ante la falta de actores profesionales con el talento de salir de papeles de producciones mexicanas mediocres y de baja calidad como “Cindy, la Regia” o “Mirreyes vs Godínez”. Esta apuesta derive en una sublime actuación (que es lo que le da vida y emoción al filme) de Juan Daniel García interpretando a Ulises, el protagonista de esta emocional historia.

Ulises es un adolescente cuya pasión es el baile del ritmo Kolombia, arraigado en grupo cultural conocido como Cholombianos y cuya característica rítmica y armónica es bajar el tiempo de la cumbia colombiana para adecuarla a un compás lento. Este movimiento cultural nació en Monterrey a finales de los años 60’s resultado de una fusión entre el naciente movimiento cholo en Estados Unidos y la cumbia colombiana de moda escuchada en la periferia del Cerro de la Silla. La película se ambienta en 2011 en la colonia Independencia de Monterrey, en uno de los momentos de transición de la ciudad hacia la violencia en la guerra emprendida por Felipe Calderón contra el narco. Ese periodo de transición lo vamos también percibiendo durante la película a través de los diferentes personajes secundarios que aparecen como sombras acechando a los protagonistas.


Siguiendo el estilo cholombiano de los peinados estrafalarios llenos de gel, los jerseys tumbados y las bermudas opacas y los Converse bien limpios, Ulises lidera una pandilla autonombrada Los Terkos que a su vez pertenecen a una red de pandillas más grande bajo el liderazgo de Los Pelones. La pandilla de Ulises también va por un viaje de cambio y descubrimiento del mundo y sus peligros, a su vez, también van experimentando la transición de la adolescencia a la vida adulta. Ahí la amistad y la lealtad, signos del verdadero barrio (reflejado en el símbolo Star), es el lazo más fuerte que une a los adolescentes que han encontrado una familia entre ellos que no hayan en sus hogares ni en sus casas. Usando tomas de cámara abierta y de fotografía extraordinaria,  Ulises es líder que da la cara por la banda  y tiene un espíritu paterfamilias con ellos; los cuida y les enseña el barrio. Todos están cohesionados por el baile y su amor a la Kolombia; la viven, la disfrutan, es su medio de expresión y comunicación ante el mundo, o mejor dicho, su manera de percibir el mundo.

La película va entretejiendo la historia en un discurso narrativo de brincos temporales entre la estadía de Ulises en Queens y su tiempo en Los Terkos que llegarán inevitablemente a converger en un punto final. El conflicto se da cuando Ulises queda en medio de una batalla por el control territorial de la cual no es participe pero indirectamente es introducido. En una cuidada escena de violencia, durante unos segundos para descartar a la violencia como protagonista del filme, Ulises sabe que su vida ahí ha acabado. Corre en busca de su mamá y su hermano y se van del barrio; Ulises debe autoexiliarse en Nueva York. En su odisea en Queens, el protagonista se ve agobiado por las diferentes situaciones y barreras que alzan frente a él por su identidad. En primera, el choque cultural con sus paisanos mexicanos que ya se encuentran coptados por una cultura pocha de una mezcla entre música de banda y música electrónica de la vida nocturna neoyorquina, hasta el gran muro del idioma que no le permite comunicarse, reflejado especialmente en su relación con Lin, una adolescente china que queda impresionada por su look. Todas las barreras que encuentra en Nueva York y la violencia y racismo que sufre  van desgarrando su identidad hasta que acaba en un centro de detención para migrantes muy diferente al Ulises que conocíamos.

Después de su tiempo de exilio, la realidad en Monterrey ha cambiado mucho. La película explora el cambio de una manera extraordinaria en dos escenas fundamentales para comprender esa batalla por la identidad; cuando La Chaparra ve desde lejos, sin su característica vestimenta colombiana y con tristeza que hay un grupo (que nunca se nombra en la película pero que indudablemente son Los Zetas) repartiendo despensas a la gente de la colonia, ganando el terreno y homogenizando la cultura del narcocorrido, y la escena en donde entierran a su amigo Isaí y El Pekesillo y El Sudadera lanzan disparos al aire para presumir que también ya son parte del cártel. Cuando Ulises vuelve a la colonia Independencia, ya nada es igual, ya no encuentra en sus amigos, el símbolo de amistad y lealtad.

El final condensa exactamente el título de la película; al ser exiliado por el cambio social de su entorno y todas las barreras que ahora enfrente, el protagonista ya no está aquí, ni allá, ni en ningún otro lado. Ya no está en la antigua Independencia ni en Queens, ni en la Monterrey violenta; es un exiliado de la realidad sociocultural de su lugar de origen a la que no se adaptará, resistiendo con humanismo a su identidad. Sabe que le aguarda la muerte y en la escena final, mientras hay un desorden social en la colonia, el baila en el techo de una casa de un cerro aferrándose a su identidad mientras la toma se abre y se aleja. Porque esta historia es la del aguante humanista frente a la vorágine violenta del mercado que quiere homogenizar todas las identidades para controlar y venderle sólo a un público objetivo. Es la historia de la lucha identitaria de las periferias frente al clasismo y racismo del centro urbano. Es la historia del abandono y la miseria. Es la historia de la resistencia humana.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Sobre "It" y la eterna lucha del bien y el mal


Después de una segunda entrega que nos dejó con un buen sabor de boca, It es uno de los temas de moda por su contenido terrorífico. Con grandes actuaciones, un buen guion y un script impecable, It capítulo 2 nos recordó porqué le temíamos a los payasos de niños . Si ya viste It seguro que has curioseado en artículos y vídeos sobre  datos de la película y la novela. Seguro sabes que It es una criatura surgida de un lugar llamado “el macrocosmos”, lugar común de la ficción de Stephen King, y que aterrizó hace millones de años en nuestro mundo en un lugar que a la postre sería el pueblo de Derry, en uno de los universos vomitados por Maturin, la tortuga, su opuesto natural. Autonombrado “el devorador de mundos”, It hibernó al no poderse alimentar de los animales y esperó a que la humanidad, único animal con miedos irracionales, llegara a Derry. Ahí aprendió de ellos e ideó formas de asustarlos para devorarlos en un festín de miedo y carne, adoptando un ciclo de 27 años para alimentarse. Su ciclo de muerte termina cuando el Club de los Perdedores lo enfrentan en un duelo de voluntades matándolo definitivamente. En ese duelo muestra su forma final, o algo parecido ya que al venir del macrocosmos su forma original no puede ser entendida por el ser humano. Precisamente ese es uno de los reclamos de los espectadores tanto en estas nuevas entregas  -una araña con cara de payaso- y la miniserie de los 90’s -como una especie de cucaracharaña-. La forma final de It y su enfrentamiento final para muchos es decepcionante pero es que es casi imposible adaptar los conceptos de la novela con respecto al macrocosmos de Stephen King.

Y es que reducir la novela de It a una película de un payaso asesino que se come a los niños es quedarse corto en la descripción de una de las grandes novelas americana de terror del siglo pasado. It es una novela que habla del miedo hacía lo desconocido que representa el mundo en la transición niño a adulto y al dolor que representa crecer. Si, querido espectador, en esta vida no hay nada más doloroso que crecer. La novela plantea varios temas de índole social, cultural y sexual que son comunes en el proceso de desarrollo de todo niño hasta convertirse en adolescente. It es una fuerza desconocida para los niños que acecha en todo momento haciéndose pasar por sus miedos para poder devorarlos, pues no sólo se alimenta con su carne sino con su mente también. Pero haciendo una deconstrucción de lo que significa ese miedo desconocido para los niños no es otro que el miedo a crecer. Los niños tienen que mantenerse unidos para vencer a esa fuerza maligna durante un verano en el que empiezan a descubrir que están creciendo y que las cosas tanto en su cuerpo como lo que les rodea empieza a cambiar y ellos se niegan a que pase. Descubren su sexualidad, empiezan a tener sentimientos como amor, a tener discusiones y a pelear entre ellos

Al final en un sentido muy amplio, It representa al mundo. Si, amigo lector, el mundo es monstruo despiadado del que si te descuidas por un momento no dudará en devorarte vivo. Al final del primer enfrentamiento contra It, todos hacen la promesa de regresar si el monstruo vuelve a atacar. Sellan su promesa con una especie de orgía-descubrimiento con Beverly que representa su entrada definitiva y sin vuelta atrás a la adolescencia. Pero It gana durante muchos años porque al final todos excepto Mike se van del pueblo y son devorados por el mundo que los lleva a olvidarse de su niñez y todo lo que vivieron en Derry. Eso es lo que nos hace el mundo; hace que en pos de lo que se cataloga como éxito profesional y económico nos olvidemos de lo que fuimos y en donde estuvimos. Pero nuestro inconsciente todo el tiempo nos lo recuerda en nuestros actos y desiciones. En la novela Bill es un afamado escritor que no encuentra otra forma de sacar el trauma de la muerte de George aunque no lo recuerde. Beverly es una exitosa diseñadora de modas que vive sometida a un esposo violento que es idéntico a su padre aunque tampoco lo recuerde. Ben es un exitoso y guapo arquitecto que a pesar de tenerlo todo vive en la completa soledad sin poder congeniar con nadie como en su infancia pues siempre será el chico nuevo. Así sucesivamente todos tienen éxito a costa de olvidar quienes eran aunque subconsciente esté presente en todas sus diligencias. Por otro lado, Mike, el único del club de los perdedores que se queda en Derry representa esa pequeña chispa que vive a veces muy dentro de nosotros y que nos recuerda en algún momento quienes éramos y de dónde veníamos.

Mike es el encargado de hablar a todos para recordarles su promesa. Entonces todos empiezan a recordar lo que vivieron en Derry y todo el miedo que tenían de separarse y flotar en el mundo. Cuando somos niños y tenemos un grupo de amigos quisiéramos siempre estar con ellos, hablamos de planes a futuro y hacemos promesas de nunca separarnos. Pero la vida se encarga de enseñarnos que rara vez es así, que el proceso de crecer significa dejar cosas atrás por muy doloroso que sea. La vida nos va poniendo en caminos diferentes y trazando destinos separados. Cuando los protagonistas regresan a Derry viajan al interior de su mente y sus recuerdos. Comienzan a encontrar lugares conocidos y caras familiares, y eso les hace recordar que la promesa que tenían de derrotar al mal que acecha en el pueblo es más real que nunca. A pesar del miedo que tienen de volverse a enfrentar a It y a pesar de la opción que tienen de marcharse y dejar todo atrás nuevamente, deciden enfrentarlo  para liberar al pueblo de ese maleficio porque lo consideran correcto, . Es una analogía de cuando nos damos cuenta que a veces hemos enterrado recuerdos dolorosos que en algún momento nos afectarán y tenemos que viajar muy profundo dentro de nosotros para enfrentarlos y evitar que nos sigan dando molestando.

En la lucha final, el Ritual de Chüd se vuelve imprescindible pues es la lucha final que tiene el ser humano al crecer. Cuando somos niños creemos en todo, más que nada en la fantasía con suma inocencia. Luego crecemos y el mundo nos amolda para creer sólo en lo que podemos ver, oír o tocar. El mundo nos hace creer únicamente en lo que está permitido creer y olvidamos todo en lo que creíamos podríamos ser capaces de hacer cuando éramos niños. Pero por sobre todo, nos hace olvidarnos de los valores, a veces tan inocentes que teníamos cuando éramos niños. It es una novela sobre la eterna lucha del bien y el mal en el ser humano porque es la lucha del miedo contra la inocencia. El Ritual de Chüd representa la batalla dentro de nosotros entre nuestra parte bondadosa de nuestra parte oscura. Esa parte oscura donde se alojan los miedos, el dolor, los fracasos, las conductas poco éticas y por otro lado, el lado inocente donde se alojan nuestras creencias, nuestra fé, y nuestros valores positivos. La batalla de las voluntades contra It representa que en todo momento, desde que somos niños hasta que somos viejos está presente esa lucha interna y que depende siempre de nosotros que parte es mayor.

Cuando al fin los perdedores vencen a It no representa en sí que ellos han vencido al mal en su interior por siempre. Representa que han domado a esa parte oscura, que saben que siempre estará ahí dentro de ellos pero que ya no puede molestarles. Han domado al miedo, y esa es la analogía perfecta de la novela. Siempre tendremos esos sentimientos indeseables como el miedo, el odio y el resentimiento en nosotros dentro de nuestra parte oscura, pero luchar con voluntad contra ellos no significa eliminarlos, significa entender que es parte de nosotros, de nuestro pasado, que siempre estarán ahí pero que no pueden lastimarnos porque nosotros decidimos que hacer con ellos. Los protagonistas de It tenían la oportunidad de marcharse y volver a enterrar muy profundo en su mente esos sentimientos, pero eligen enfrentarlos porque algún día podría matarlos. Todos deberíamos enfrentar nuestros miedos en vez de enterrarlos porque si lo hacemos, en algún momento saldrán de su fosa y volverán a dominarnos. Cuando se van, después de enfrentar sus miedos, después de comprender que han crecido, los perdedores cambian sus vidas y comienzan a hacer lo que les gusta sin volver a tener que olvidar quienes fueron y a qué temieron. Así como deberíamos hacer todos en algún momento de nuestra vida.